Cuando se habla de consumo de combustible, o de autonomía en un coche eléctrico, casi siempre se piensa en el motor, el peso del vehículo o el tipo de conducción. Sin embargo, hay dos elementos clave que suelen pasar desapercibidos y que influyen de manera directa en la eficiencia: los neumáticos y las llantas.

No es algo menor, porque la elección incorrecta de las ruedas puede aumentar un consumo entre un 3 y un 10%, una diferencia que se traduce en cientos de euros al año y en más emisiones contaminantes.

El neumático, el único punto que toca la carretera
Un coche solo está en contacto con el suelo mediante los cuatro neumáticos en una superficie del tamaño de una tarjeta de crédito, por lo que cualquier cambio puede tener un impacto inmediato en la resistencia al avance.

La resistencia a la rodadura es la energía que el vehículo necesita para que el neumático siga girando sobre el asfalto, y a mayor resistencia, mayor esfuerzo del motor y, por tanto, un mayor consumo. Los factores que influyen son:

  • Compuesto del neumático: los más blandos ofrecen más agarre, pero también más fricción
  • Dibujo y profundidad del perfil: los diseños deportivos o muy marcados aumentan la resistencia
  • Ancho del neumático: cuanto más ancho, mayor superficie de contacto y más consumo

Un neumático de baja resistencia a la rodadura puede reducir el consumo hasta un 7% frente a uno convencional, aunque lo más importante es seleccionar uno que cumpla con todos los estándares de seguridad pensando en cada zona por la que se circula. Una persona que viva en el norte de España debe optar por una gama más invernal que una del sur, y es algo que se debe priorizar antes que el consumo.

Etiqueta europea, una información clave
Todos los neumáticos en Europa incluyen desde hace unos años una etiqueta de eficiencia, parecida a lo que tienen los electrodomésticos, y en ella se indica:

  • Eficiencia energética (de A a E)
  • Agarre en mojado
  • Ruido exterior

La diferencia entre un neumático de la categoría A y uno de la E puede suponer hasta 0,5 litros de ahorro por cada 100 kilómetros en un coche de combustión, o decenas de kilómetros de autonomía en un eléctrico.

Presión incorrecta, un enemigo silencioso
Circular con una presión inferior a la recomendada es uno de los errores más comunes y uno de los que más penaliza el consumo, porque una presión de 0,5 bar menos puede aumentar el consumo entre un 2 y un 4%, y también provoca un mayor desgaste y menor estabilidad. En trayectos largos o con mucha carga, una presión incorrecta multiplica el impacto negativo, especialmente en neumáticos de perfil bajo.

El tamaño sí importa en las llantas
En los últimos años, las llantas de mayor diámetro se han popularizado, pero eso conlleva un coste en términos de eficiencia. Más pulgadas suele implicar un mayor peso, una mayor inercia, que supone más exigencia al frenar y acelerar, y unos neumáticos más anchos y de perfil bajo.

El resultado es un consumo más elevado, sobre todo en ciudad y en conducción con frecuentes aceleraciones. En pruebas comparativas de fabricantes y laboratorios independientes se ha comprobado que pasar de una llanta de 16 pulgadas a una de 19 puede incrementar el consumo entre 0,3 y 0,8 litros por cada 100 kilómetros, dependiendo del modelo de vehículo y del neumático. En vehículos eléctrico, esto puede suponer hasta un 10% menos de autonomía real.

La llanta también influye en la aerodinámica, sobre todo cuando se superan los 80 km/h, porque diseños muy abiertos generan más turbulencias, y las carenadas o con radios cerrados reducen la resistencia al aire, por eso muchos optan por tapas aerodinámicas, para mejorar la eficiencia.

¿Cuánto se puede ahorrar al año?
En un uso medio anual de 15.000 kilómetros, un conjunto de neumáticos eficientes puede ahorrar entre 100 y 200 euros al año en combustible, mientras que en eléctricos se traduce en menos recargas y una menor degradación de la batería.

A largo plazo, la diferencia es notable, por lo que los neumáticos y las llantas no son una simple cuestión de estética, sino que son componentes clave en la eficiencia, el consumo y la seguridad del vehículo. Elegir bien el tamaño, tipo y asegurar la presión correcta es una de las formas más sencillas y económicas de reducir consumo sin cambiar el coche o modificar la conducción.